¿Qué esperar de un bar que se llama El Cutre? Es más, ¿con qué se puede asociar la palabra Cutre? Pues allí se encuentra el secreto de este sitio: sorprender a sus clientes. Clientes que son recibidos por una puerta maltrecha y casi imperceptible, en la carrera 14 con 82, al lado de Porompompero. Entrar a El Cutre es como llegar a una casa colonial, antigua, misteriosa, con mesas envejecidas y esos muebles propios de los abuelos. Sin embargo, la barra de madera que atraviesa el espacio, le recuerda al visitante que se encuentra en un bar. Allí habitan las cervezas, las botellas, los cócteles, los chupitos y algunas de las mejores conversaciones.
El Cutre mantiene su sello personal y sentido del humor hasta en los más mínimos detalles. Los nombres de algunas preparaciones y shots así lo demuestran: Lulo ardiente, El guarrazo, B-69, Quickie, Orgasmo-tronic, Guaro-atomic y Nalgazo. La elección de lo que iba a pedir, ciertamente, estaba difícil. No podía tomarme las tres opciones de las que estaba antojada. Así que decidí resolver el dilema con El balde El Cutre. Un cóctel que tiene ron, tequila, vodka, triple sec, licor de fresa, hierbabuena, jugo de mandarina y fresas; que es para dos personas y que, evidentemente, compartí.
El balde El Cutre no sólo estaba salpicado de mi color favorito, sino que, además, tenía un sabor casi adictivo. De hecho, debido a que era tan rojo pensé que el sabor del licor iba a ser muy suave, casi imperceptible. Me sorprendió que no fuera así, que se sintieran el tequila y el vodka en una medida agradable. Además, me gustó la manera en que los tragos se mezclaban con el jugo de mandarina y las fresas. Eso sí, quedé antojada del Margarita en las rocas, del Nalgazo (Tequila y Ginger) y del Almodobar (Amaretto y Whisky). Muy recomendados.

















































